el cuaderno enfermo

borradores y otras estupideces

Paradis-ii

Ella, como todos los domingos, se levantó temprano, dirá el pastor. Y como buena danesa y mejor luterana no lo hizo para ir a misa, sino para trabajar la tierra, hacer negocios y perderse en una charla con clientes.

Tendrá, para cuando todo eso diga, la sotana negra que tal vez reciba otro nombre según su fe, y el cuello que he leído se llama en lengua castiza “escarolado” o “de lechuguilla”; en el caso del pastor, demasiado artificial y blanco, y tal vez también nombrado de otro modo por los seguidores del gran reformista germano, pero, para el caso, fácil de asociar con los cuadros de los siglos XVI o XVII, e incluso con cierto retrato de Cervantes, con la diferencia de la rigidez de la forma de aquél del velorio, de esa apariencia de ser, antes que atuendo, base donde colocar una torta de casamiento.

Elegante el pastor estará. Tradicional como un gaucho danés. También moderno: lo he visto en los diarios, mucho antes de la muerte de la mujer luterana, en una foto, celebrando el bautismo del hijo de un par de lesbianas.

Di skjonne ungdomsdaw, aaja, de daw saa Svaer aa find!, también cantará tras las oraciones, con alguna variante en las vocales, y asimismo tras el saludo al espíritu de la muerta y el énfasis en la resurrección de los muertos. Y Vi’el lowt wor kop saa glaadle op for dem daw saa laeng, laeng sind! Porque ella hubiera querido que así la despidiéramos, cantando estas cosas, dirá. Alto. Rubio. Danés. Tradicional. Y moderno.